¿Ansiedad o solo nervios?

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Los trastornos de ansiedad están de moda, es “cool” tener ataques de ansiedad. La gente ha dejado de entender la diferencia entre estar triste o nerviosa para terminar diciendo que están ansiosos, deprimidos o que les dan ataques de pánico.  A esto se suma que los personajes famosos son llamados héroes por hablar de sus autoproclamadas ansiedades a un público que tampoco sabe mucho del tema pues los nervios de subirte a un avión no son nada equiparables a un verdadero ataque de pánico.

La trivialización de estas enfermedades lleva a la poca credibilidad que se le puede dar a una persona que tenga el diagnóstico real. Mientras hay quienes en realidad están luchando con estos problemas otros utilizan vocabulario psicológico como si lo conocieran, llegando a minimizar a quien no puede salir adelante pues “no le echa ganas”.

Tal como mencioné en un post anterior, la ansiedad se manifiesta de muchas formas y es un sentimiento que todos hemos experimentado, sin embargo, los nervios comunes y la ansiedad definitivamente no son lo mismo.

La ansiedad considerada como normal, es aquella que permite a la persona adaptarse y responder de forma adecuada ante estímulos reales o potenciales (no imaginarios o inexistentes) dando por tanto una reacción proporcionalmente adecuada tanto cualitativa como cuantitativamente en momento, duración e intensidad.  Se llama ansiedad patológica cuando los nervios y preocupaciones experimentadas ante una situación te llevan a conflictos constantes, por ejemplo, las cosas que la gente suele obviar a ti te causan una preocupación en exceso que no te permite llevar tu día a día con normalidad. Algo tan sencillo como elegir la ropa que te pondrás para ir a una fiesta, donde puede existir la duda entre un atuendo u otro o tardarte un tiempo considerable en elegirlo se convierte en una preocupación que te consume, no te permite llevar tu día a día, comienzas a manifestar síntomas físicos como aceleración del ritmo cardiaco o sudoración y respiración aguda y extrema.

Diversos pacientes ha descrito sus reacciones físicas de la siguiente manera: Mis manos comienzan a temblar de forma incontrolada, siento una presión en el pecho como si tuviera un bloque muy pesado de cemento y se complica cuando creo que eso es un ataque al corazón.  Llega un momento en que me tengo que recordar respirar pues de no hacerlo corro el riesgo de que se vuelva un ataque de histeria donde la tensión de los músculos no me permiten moverme bien y la tensión es tanta que creo que se quedarán paralizados.  Aunque todo es producto de la mente, en realidad no es posible moverse y es cuando además vienen las preguntas de ¿por qué me está pasando esto? ¿qué lo provoca? y esos pensamientos fatalistas provocan que todo se alargue.

Como expliqué antes, la ansiedad nos ayuda a que nuestro cuerpo se prepare para un peligro inminente pues la adrenalina que se genera es muy útil si tienes que salir huyendo, (sobre todo si se trata del ataque de avispas, no de ir a hablar con tu jefe). Con esto, puedes entender que existe una gran diferencia entre la ansiedad que puedes sufrir como resultado de un estímulo concreto (tu jefe te acaba de decir que hablará contigo más tarde, te acaban de despedir, te han gritado en la calle) y los ataques de pánico que aparecen de repente. 

Automedicarse para combatir estos niveles de ansiedad, que son en realidad una ventaja para la supervivencia, está creando un problema mucho más grave pues al ocultar un sentimiento real experimentado por todos los seres humanos en una situación que se puede considerar normal, coadyuva a la creación de adicciones, porque sí, estos medicamentos crean dependencia y adicción.

Para decidir cuando nuestra ansiedad es sana o patológica podemos acudir a los siguientes criterios:

Sana si nos sirve para solucionar el problema, o para evitarlo eficaz y permanentemente.

  1. Miedos que nos preservan: a las alturas, a cruzar una calle llena de coches, a meter los dedos en un enchufe, a asomarnos a un precipicio, etc.
  2. Hay miedos aprendidos como el miedo a las serpientes, arañas, los lobos, etc.
  3. Miedos de desarrollo (oscuridad, separación, terrores nocturnos, etc.)

Patológica si:

  1. No solucionamos el problema y se cronifica,
  2. No la aceptamos.
  3. Aparece en una situación en la que no es adecuado (pareja, amigos, trabajo,…)

La ansiedad no te hace interesante. Es un trastorno debilitante que no te permite vivir una vida tranquila. Hay que hacer una autocrítica y ver si no tenemos en realidad más necesidad de atención que trastorno.  Si te has dado cuenta de que no tienes un trastorno de ansiedad recuerda que también es muy valioso reconocer que “sientes nervios” y tienes derecho a que se te escuche y tome en serio.

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